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De botellas de PET a agua caliente: adolescentes crean calentadores solares para una comunidad

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LEÓN, GTO.- Lo que para muchos podría terminar en la basura, para un grupo de adolescentes se convirtió en una solución para llevar agua caliente a una familia de la comunidad de El Jagüey.

Adolescentes del Centro de Internamiento Especializado para Adolescentes de Guanajuato reutilizaron botellas de PET y contenedores de plástico para construir calentadores solares, aprovechando además la energía del sol.

La propuesta no solo llegó a la práctica, sino que obtuvo el segundo lugar nacional del programa “Somos el Cambio – PRS”, que reconoce proyectos capaces de generar un impacto positivo en sus comunidades.

DEL RECICLAJE A UNA SOLUCIÓN REAL

Durante tres meses, las y los adolescentes trabajaron en cuatro etapas, Siente, Imagina, Haz y Comparte.

Primero identificaron una problemática de su entorno y después comenzaron a buscar una alternativa que pudieran construir con sus propios recursos. Así surgió la idea de aprovechar materiales reciclables para fabricar calentadores solares.

Conforme avanzó el proyecto, se sumaron más compañeros y organizaron el trabajo para construir los dispositivos y llevar uno de ellos hasta una familia de El Jagüey.

Además de darle una segunda oportunidad a materiales que podían convertirse en residuos, el proyecto permitió aprovechar la energía solar para producir agua caliente.

MÁS ALLÁ DEL CALENTADOR

El proyecto también puso sobre la mesa otros aprendizajes: tomar decisiones, organizarse, trabajar en equipo, asumir responsabilidades y buscar soluciones ante necesidades concretas.

El acompañamiento estuvo a cargo de la Secretaría de Seguridad y Paz, mediante la Dirección General de Reintegración Social para Adolescentes.

El segundo lugar nacional reconoce tanto el beneficio generado para la comunidad como el proceso formativo de quienes participaron.

La intención es que lo aprendido dentro del Centro de Internamiento no se quede ahí, sino que pueda servirles en su vida cotidiana, en sus relaciones familiares y cuando regresen a su comunidad.

Una botella de plástico terminó siendo mucho más que un residuo: fue parte de un proyecto que convirtió reciclaje, sol y trabajo en equipo en agua caliente para una familia.