LEÓN, GTO.- Mientras buena parte de la gente apenas comienza su jornada, Anselmo Durán ya lleva varios kilómetros recorridos sobre su bicicleta. A sus 73 años, sale de San Juan de Abajo con dos botes lecheros de 20 litros cada uno y recorre las colonias de la zona sur de León para vender leche y llevar el sustento a casa.
No necesita una camioneta ni un teléfono para organizar sus ventas, su herramienta de trabajo es una bicicleta, sus dos recipientes y la experiencia que ha acumulado durante 21 años dedicados a esta actividad.
“Yo trabajo a la antigüita, sin teléfono, en mi bicicleta y con mis dos botes lecheros”, cuenta.
Su jornada comienza alrededor de las siete de la mañana y termina cerca de las 11:30. En ese tiempo busca colocar los 40 litros que carga diariamente, principalmente entre las colonias cercanas a las vías del tren.
La leche la compra en Real Providencia y después la revende, Anselmo explica que se trata de leche entera y asegura que no le agrega agua ni ningún otro ingrediente.
Para quienes todavía buscan este producto fuera de las presentaciones comerciales de las tiendas, su recorrido representa una alternativa para conseguir leche que, de acuerdo con lo que él ofrece, se vende sin rebajar.
De tener 50 vacas a volver a empezar
La historia de Anselmo no siempre fue la de un hombre que pedalea con dos botes de leche por las calles de León.
Hubo una época en la que tenía alrededor de 50 vacas, su propio ganado era parte de su forma de vida, hasta que un problema de salud lo obligó a cambiar el rumbo.
Anselmo cuenta que sufrió una hernia y tuvo que destinar recursos a su atención médica. Uno de sus hijos vendió los animales para ayudar a cubrir esos gastos.
De aquella etapa quedó atrás el ganado propio, pero no las ganas de trabajar.
Hoy compra la leche que vende y mantiene una rutina que le permite seguir obteniendo ingresos. No habla de grandes negocios ni de planes complicados, su día transcurre entre pedalear, visitar a sus clientes y regresar a casa.
Después del trabajo, todavía hay más por hacer
Cuando termina de vender, Anselmo vuelve a San Juan de Abajo, en casa lo espera su compañera, quien también es una persona mayor, y todavía encuentra tiempo para atender a sus animales.
Entre sus actividades está sacar a caminar a sus chivas, lo cuenta con naturalidad, como parte de una vida en la que el trabajo no termina necesariamente cuando deja de vender.
A sus 73 años, recorrer las calles en bicicleta implica esfuerzo físico y constancia. Sin embargo, Anselmo mantiene esa rutina porque es su manera de trabajar y salir adelante.
Su historia también habla de una forma de comercio que sigue presente en algunos rincones de León: vendedores que recorren las colonias, conocen sus rutas y mantienen el trato directo con sus clientes.
Una bicicleta, 40 litros y las ganas de seguir
Anselmo no tiene el mismo patrimonio con el que alguna vez contó, pero encontró otra manera de continuar. Después de perder su ganado por una necesidad de salud, volvió a organizar su vida alrededor del trabajo que conoce.
Cada mañana toma su bicicleta, acomoda los dos botes lecheros y sale a recorrer las calles. No hay grandes discursos en su rutina, hay horas de trabajo, esfuerzo físico y la necesidad de llevar dinero a casa.
A veces, las historias que merecen contarse están justo ahí, frente a nosotros, entre el ruido del tráfico y el movimiento cotidiano de las colonias.
La de Anselmo Durán es una de ellas, la de un hombre de 73 años que todavía se sube a su bicicleta, carga 40 litros de leche y sigue buscando la manera de ganarse la vida.










