LEÓN, GTO.- Entre tablets, videojuegos y celulares parece que los juegos tradicionales han quedado guardados en el baúl de los recuerdos. Sin embargo, el changalais, aquel pasatiempo de calle y risas compartidas, sigue siendo un tesoro de la infancia mexicana que vale la pena revivir. Para quienes lo conocieron, es un viaje directo a la niñez; para los más jóvenes, puede convertirse en un descubrimiento lleno de diversión.
El changalais se juega con dos palos de madera, uno de aproximadamente 20 centímetros y otro de 50 o 60 centímetros. Además, se necesita un hoyo en el suelo de 10 x 50 centímetros con una profundidad de unos 6 centímetros, aunque también se puede improvisar con dos ladrillos. El palo pequeño se coloca en el hoyo o sobre los ladrillos y el objetivo es impulsarlo con el palo más largo para lograr distancia y puntos. Suena sencillo, pero la emoción empieza cuando entra en juego la destreza y la competencia entre amigos.

Este juego tiene diferentes modalidades que lo hacen aún más entretenido. La primera es la cucharita, en la que el reto consiste en lanzar el palo corto y atraparlo antes de que toque el suelo. Si lo consigues, el rival queda eliminado. Después viene el batazo, donde el objetivo es golpear el palo y enviarlo lo más lejos posible; si un contrincante lo atrapa en el aire, el lanzador pierde. Finalmente está la palomita, la parte más emocionante, en la que se mide la distancia recorrida por el palo corto y se suman los puntos obtenidos.

El encanto del changalais está en lo sencillo de sus reglas y en la habilidad que demanda. No se necesitan pantallas ni conexión a internet, basta con dos palos, un espacio abierto y la compañía de amigos. Es un recordatorio de cómo la infancia podía vivirse con lo esencial y aun así estar llena de alegría.
Para los adultos, recordar este juego es abrir la puerta a momentos inolvidables. Para los niños de hoy, es una invitación a explorar una forma distinta de divertirse, en la que el ingenio y la convivencia son los protagonistas. Quizá sea tiempo de rescatar el changalais y darle de nuevo un lugar en nuestras calles, parques y patios.










